
Contenido de esta guía
- Hacer amigos hablando poco alemán
- Una vez amigo, siempre amigo
- Con un poco de ayuda de nuestros hijos
- Respetar la intimidad de los alemanes
- Acepte siempre las invitaciones
- Cumplir con lo prometido
- Ser proactivo y servicial
- Conocer y respetar sus normas
- Aprender a respetar las diferencias culturales
- Hablar el idioma
- Evite rodearse únicamente de personas que hablan su idioma
- Tenga paciencia y redoble sus esfuerzos
- Vale la pena
Los esfuerzos de una expatriada por ampliar su círculo de amigos alemanes y profundizar en esas amistades siguen frenados por el ritmo lento al que avanza en el aprendizaje del alemán; aun así, con algo de ayuda por parte de sus hijos, lo va consiguiendo.
Como trabajo desde casa, tras dos años en el país no hablo alemán tan bien como me gustaría. En tiendas y restaurantes me las arreglo, desde luego. Pero entablar una conversación en alemán sobre arte, política, literatura y otros temas así queda fuera de mis posibilidades. La semana pasada mi hermana me envió una caja grande con libros en inglés. Es un placer estupendo, aunque con cierta culpa, porque debería estar estudiando alemán todas las noches.
Mi esposo trabaja en una empresa alemana, pero su contrato vence en noviembre; busca con desesperación otro empleo en Alemania. Nuestra familia acaba de alquilar una casa estupenda en un pueblo pequeño a las afueras de Bamberg. No teníamos previsto cambiar de vivienda dos veces en dos años, pero las casas en alquiler escasean por esta zona. Cuando llegamos optamos por una muy cara, lo que nos dejó poco dinero para viajar.
Hacer amigos hablando poco alemán
Aunque hemos conocido a muchas personas maravillosas, todavía me siento limitada por mi alemán entrecortado. Nuestros hijos, de 10 y 12 años, hace tiempo que hablan con fluidez. Mi esposo y yo intercambiamos miradas cuando los oímos hablar en alemán, ¡les sale sin ningún esfuerzo! Es lógico, pues tienen que hablarlo durante todo el día en la escuela.
Una vez amigo, siempre amigo
Los alemanes tienen fama de fríos y distantes, pero hemos aprendido que basta con esforzarse un poco más para llegar a su corazón cálido y generoso. Por ejemplo, al principio me desanimaba que en la calle me ignoraran al cruzarme con otra persona, pero me di cuenta de que si saludo yo primero, siempre recibo de vuelta un saludo cálido (y a veces sorprendido).
Y cuando un alemán ya se ha hecho amigo de uno, se muestra leal y disponible. En Estados Unidos tendemos a usar el dinero como única moneda de cambio, pero cuando intentamos pagar a un vecino por alimentar a nuestro gato durante las vacaciones, ¡no lo aceptó rotundamente! Eso es algo que un vecino simplemente hace por otro vecino.
Con un poco de ayuda de nuestros hijos
Hace poco nos invitaron unas cuantas familias (a través de nuestros hijos, por supuesto) a una reunión de viernes por la tarde en un jardín de cerveza (Biergarten) de la zona. Sentada ante aquella mesa grande llena de adultos alegres y risueños, con los niños instalados en un espacio propio en el piso de arriba, no pude evitar sentir cierta envidia ante esas amistades suyas, claramente sólidas y forjadas durante años. Cuando salimos de Estados Unidos, antes de trasladarnos a Alemania, mi esposo y yo teníamos muchas ganas de hacer más amigos (y no perder a los que nos quedaban en casa). Intentábamos crear lazos con la gente en cada lugar donde vivíamos, pero todo el mundo parecía demasiado ocupado. Aquí, en cambio, compartir tiempo con la familia y los amigos forma parte esencial de la cultura. Mis nuevas amistades alemanas se muestran muy pacientes conmigo mientras hago mi mejor esfuerzo con el idioma. Y, por si fuera poco, ¡a nuestros hijos les encanta corregirnos!
Una gran ventaja de vivir en Alemania es que sus habitantes pasan mucho tiempo al aire libre: el senderismo y los paseos en bicicleta son dos de las actividades más queridas del país. Eso sí, ¡aquí tampoco resulta fácil arrancar a los niños de sus aparatos electrónicos!
Pase lo que pase, estos dos años han traído algo maravilloso a mi vida y han enriquecido a nuestros hijos de formas que ellos todavía ni siquiera alcanzan a valorar.
Respetar la intimidad de los alemanes
Los alemanes son personas muy reservadas en lo que respecta a su vida privada; no van a contar su historia completa en el primer encuentro. Necesitan tiempo, y bastante, antes de sentirse a gusto compartiendo esos asuntos personales. Al principio conviene evitar las preguntas de índole íntima y dejar que sean ellos quienes den el primer paso para abrirse.
Estos son algunos ejemplos de preguntas que normalmente conviene evitar:
- ¿Cuánto gana en su trabajo?
- ¿Cuánto paga de alquiler (o arriendo)?
- ¿Cuál es su religión?
- ¿Qué partido político prefiere?
Y, por supuesto, evite entrar en debates acalorados sobre estos temas, salvo que sea la otra persona quien los saque a colación.
Acepte siempre las invitaciones
Si un alemán le invita a una fiesta, a tomar un café o a beber una cerveza, acepte, aunque no tenga ganas de ir o ninguno de esos planes le convenza. Recibir una invitación significa que ha dado un paso muy importante hacia la amistad con un alemán, así que haga todo lo posible por aceptarla.
Invitarlos también constituye un paso muy valioso; para los alemanes, recibir una invitación demuestra que le interesa su compañía y que desea conocerlos mejor. Es muy raro que le respondan con un no, porque disfrutan cuando los invitan; así que aproveche la ocasión y hágalo. No tiene nada que perder, ya que no se puede perder lo que no se tiene.
Cumplir con lo prometido
Se trata de un punto de gran relevancia. Cumpla la palabra dada en toda circunstancia, ya sea para una cita ya acordada o para algo que haya prometido hacer por esa persona. Para los alemanes, la palabra tiene un peso enorme y no les gusta que se incumpla ni que alguien cambie de opinión en el último momento.
Evite a toda costa cancelar una invitación que ya haya aceptado, sobre todo al principio, cuando todavía intenta conocer mejor a esas personas. A menos que le haya ocurrido algo realmente grave (y aquí no se habla de un dolor de cabeza ni de un resfriado), no cancele en el último momento.
Ser proactivo y servicial
Así es: los alemanes son personas muy proactivas y serviciales, y esperan esa misma actitud por parte de sus amigos. Por eso conviene ofrecer ayuda cuando alguien esté cambiando de casa, así como colaborar en la limpieza después de una fiesta. Lo mismo aplica a los compañeros de trabajo si necesitan apoyo para resolver un problema o algo parecido. Es en esos momentos cuando se gana su confianza y su respeto.
Conocer y respetar sus normas
Como es posible notar con rapidez, a los alemanes les encantan las normas y tienen reglas para todo. Aunque pueda resultar frustrante, respetar sus normas concretas es fundamental. Al hacerlo se recibe su respeto a cambio, y ese es un paso esencial del proceso de integración.
Aprender a respetar las diferencias culturales
Esta regla no se aplica únicamente a Alemania. En cualquier país donde se vaya a vivir, será necesario aceptar y comprender que la cultura local es distinta de la propia: no es correcta ni incorrecta, ni mejor ni peor, simplemente diferente. Conviene recordar que los demás no van a cambiar; quien debe adaptarse es uno mismo, y quejarse no ayuda en absoluto.
Hablar el idioma
No hace falta hablar un alemán perfecto para poder interactuar. De hecho, puede llevar más de un año de práctica lograr sostener una conversación normal con alemanes sin acabar cambiando al inglés hacia el final de la charla.
Lo esencial es demostrar interés por aprender su idioma. Los alemanes saben muy bien que el alemán es difícil, de modo que aprender a decir lo básico, como hola, ¿cómo estás?, salud y adiós, ya es un gran paso que sabrán valorar. Si está en pleno proceso de aprendizaje, intente hablar con ellos: no muerden, así que no hay razón para tener miedo a cometer errores.
Evite rodearse únicamente de personas que hablan su idioma
Imagine que está en la universidad y observa a un grupo de extranjeros (que casualmente asisten a su misma clase) conversando, riendo y abrazándose. ¿Se detendría a saludarlos? Esta situación haría que la mayoría de las personas se sintiera intimidada al acercarse a ese grupo, ¿verdad?
Ahora póngase en el lugar de los alemanes: no resulta razonable esperar que intenten hacer amistad con usted si ya cuenta con su propio grupo y pasa todo el tiempo con ellos. Debe darles la oportunidad de hablarle. Recuerde que este proceso lleva su tiempo y que el comienzo es decisivo.
Tenga paciencia y redoble sus esfuerzos
No todo el mundo nace con la virtud de la paciencia, por eso a muchos les toca buscar en su interior esa pequeña reserva de tolerancia para dar a los alemanes el tiempo necesario hasta ganarse su amistad. La recomendación es clara: sea paciente y otórgueles su tiempo.
¿Los resultados no llegan? ¿Se agota la paciencia? En ese caso no queda otra opción que esforzarse todavía más. Hay quien necesitó más de un año para que algunos de sus amigos alemanes compartieran con él asuntos muy íntimos. Con ciertas personas el camino puede ser más corto y con otras puede extenderse durante años. Tenga presente que son personas muy reservadas.
Vale la pena
Recorrer todo el proceso de integración exige un esfuerzo real, pero la parte buena es que la recompensa existe: quien conquista la amistad de un alemán obtiene un amigo para siempre. Esa persona estará dispuesta a todo por usted, le apoyará, le ayudará, le escuchará y saldrá en su defensa, durante el resto de la vida.
Si llegó hasta el final sin rendirse, felicidades: ese lugar se ha ganado y la amistad correspondiente es bien merecida. Los alemanes suelen pensar que lo que realmente importa no es la cantidad de amistades que alguien acumule, sino cuántas de ellas son verdaderas.
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Preguntas frecuentes
¿Puedo hacer amigos en Alemania si todavía no hablo bien alemán?
Sí. La autora del artículo trabaja desde casa y habla un alemán entrecortado, pero sus nuevas amistades alemanas se muestran muy pacientes mientras ella hace su mejor esfuerzo con el idioma. Además, sus hijos, que hablan con fluidez porque lo usan todo el día en la escuela, han servido de puente: fue a través de ellos que varias familias los invitaron a una reunión en un Biergarten.
¿Es verdad que los alemanes son fríos y distantes?
Tienen esa fama, pero según la experiencia relatada basta con esforzarse un poco más para llegar a su corazón cálido y generoso. En la calle, si saluda usted primero, siempre recibirá de vuelta un saludo cálido (a veces sorprendido). Y una vez que un alemán se hace amigo, se muestra leal y disponible.
¿Qué preguntas conviene evitar cuando acabo de conocer a un alemán?
Los alemanes son muy reservados con su vida privada y necesitan bastante tiempo antes de sentirse a gusto compartiendo asuntos personales. Al principio evite preguntar cuánto gana en su trabajo, cuánto paga de alquiler, cuál es su religión o qué partido político prefiere. Deje que sean ellos quienes den el primer paso para abrirse y evite los debates acalorados sobre estos temas, salvo que los saque la otra persona.
Si un alemán me invita a algo pero no me apetece ir, ¿qué hago?
Acepte, aunque no tenga ganas o el plan no le convenza, porque recibir una invitación significa que la otra persona ha dado un paso muy importante hacia la amistad. Invitarlos usted también es un paso valioso, ya que para los alemanes demuestra que le interesa su compañía. Además, es muy raro que respondan con un no, porque disfrutan cuando los invitan.
¿Debo pagar a un vecino alemán que me hace un favor, como cuidar a mi gato?
No. En el artículo, un vecino rechazó rotundamente el dinero que le ofrecieron por alimentar a su gato durante las vacaciones. Para los alemanes, eso es algo que un vecino simplemente hace por otro vecino, sin esperar ningún pago.

