Ciclista cruzando calle junto al canal en Países Bajos

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Los estudios indican que la felicidad sostenida proviene de una percepción elevada de estabilidad y democracia. Un país con alta calidad de vida es Países Bajos.

En 2003, la BBC World Service transmitió una entrevista a un profesor de la Universidad de Michigan que desarrolló un método para medir la felicidad. Las encuestas de satisfacción vital previas tendían a relacionar circunstancias como los ingresos y el estado civil con la sensación de bienestar, pero los resultados dejaron a los investigadores con dos interrogantes principales. El primero correspondía al reducido efecto de la circunstancia sobre la satisfacción con la vida.

En el caso de Japón, la felicidad declarada por la población no mostró aumento durante más de treinta años, a pesar de que los ingresos se multiplicaron cinco veces en el mismo período. Asimismo, tras un pico inicial, los millonarios que ganaron la lotería no fueron considerablemente más felices que un grupo de parapléjicos. El segundo acertijo consistía en una diferencia sorprendentemente grande en la satisfacción vital entre países que parecían similares, incluso entre distintos estados de Estados Unidos.

  • Estudios sobre calidad de vida
  • Elecciones sociales y políticas
  • Calidad de vida en Países Bajos

Estudios sobre la calidad de vida

El hallazgo principal de los estudios sobre bienestar es la notable capacidad de adaptación de las personas, incluso frente a cambios drásticos como una guerra o una pérdida. Con el tiempo, la felicidad y la infelicidad tienden a equilibrarse. Este fenómeno está relacionado con las aspiraciones individuales, pues el placer o el dolor se juzgan a partir de los propios deseos y proyectos.

Para abordar esa cuestión, un profesor de la Universidad de Michigan describió tres vías hacia la felicidad: una vida centrada en el placer, otra basada en el compromiso y una tercera orientada al sentido. Según sus estudios, los Países Bajos y los países escandinavos ocupan los primeros puestos a nivel mundial. En una entrevista radial, sin embargo, el académico admitió no identificar un factor único que explique la felicidad. ¿El clima? No. ¿La riqueza? También descartada. Concluyó que la felicidad sostenida proviene de una elevada percepción de estabilidad y de democracia.

Otros estudios también respaldan esa conclusión. El informe de UNICEF titulado “An Overview of Child Well-Being in Rich Countries”, publicado en febrero de 2007, ubicó a los niños de Países Bajos como los más felices según su propia percepción, mientras que los niños británicos resultaron los menos felices entre 24 países de la OCDE. Sin embargo, los niños neerlandeses no disponían, en promedio, de más libros o computadoras, ni realizaban más viajes vacacionales, ni contaban con otras ventajas materiales evidentes frente a sus pares británicos.

Ahora observe otra estadística: la de las tasas de suicidio juvenil. Los países escandinavos y los Países Bajos, considerados los “pobladores felices”, han registrado un aumento notable en las últimas dos décadas, mientras que en Inglaterra y Gales (pero no en Escocia) la incidencia ha disminuido de forma significativa.

Elecciones sociales y políticas

Así, la cuestión sigue siendo: ¿qué es lo que hace a los neerlandeses tan felices? Para comprender esta sociedad y, a la vez, entender por qué a los expatriados les resulta tan difícil crear una vida social aquí, conviene saber que la sociedad holandesa está organizada en “pilares” (zuilen). Originalmente, la “verzuiling” (para acuñar una palabra nueva, “pilarificación”) estaba relacionada con la denominación religiosa: pertenecer a una iglesia u otra implicaba integrarse en un grupo social concreto. Las corporaciones de radiodifusión se formaron bajo la base de la religión – VPRO es protestante, KRO es católica, EO es evangélica – y recibían una fracción del tiempo total de emisión en los canales públicos según la cantidad de sus miembros.

Los partidos políticos también eran mayormente confesionales, pero solo se convirtieron en una fuerza importante en 1980, cuando se fusionaron bajo el CDA (Christian Democratic Appeal). Desde entonces, en ‘mi opinión’, la política, las políticas públicas y la legislación representan la posición media, la norma, lo ordinario.

Con el paso del tiempo, los pilares se fueron transformando en divisiones según el nivel educativo y profesional. Los Países Bajos cuentan con un sistema educativo altamente selectivo desde al menos 1968, cuando entró en vigor la Ley de Educación conocida como «Mammoth» Education Act. Dado que el factor principal que favorece el éxito escolar es el alto nivel educativo de los padres (y, a la inversa, el riesgo más importante de fracaso escolar es un bajo nivel educativo familiar), resulta evidente que a mayor posición socio‑educativa de los progenitores, mejor desempeño se observa en la selección.

En consecuencia, la mayoría de los políticos y periodistas provienen, casi sin excepción, de un entorno privilegiado, elitista y protegido; los trabajadores manuales tienden a generar hijos que también desempeñan labores manuales; un futuro arquitecto rara vez cruzará su camino con el de un futuro albañil, mucho menos con el de un inmigrante de origen distinto, y un futuro médico difícilmente conocerá la experiencia de desempleo o dificultades. En otras palabras, los niños neerlandeses crecen y pasan toda su vida rodeados de personas semejantes a ellos, sin contacto con la otra mitad de la sociedad. De hecho, suelen mantenerse ajenos a estilos de vida, aspiraciones, normas y valores diferentes a los propios.

En el Reino Unido, solo uno de cada siete niños provenientes de un entorno desfavorecido logra escalar los niveles. En Holanda, teóricamente es posible, pero el proceso resulta extremadamente prolongado y, en la práctica, cada vez menos frecuente.

La selección escolar, oficialmente basada en la competencia pero, en la práctica, influida por el entorno social, se ve reforzada por el objetivo declarado del sistema educativo neerlandés: todos los niños deben abandonar la escuela con una “start qualification”, es decir, con un diploma que garantice la empleabilidad. Ante la preponderancia de dicho diploma, el empleo y el salario, el propósito implícito de la educación —formar jóvenes autónomos, responsables y socialmente conscientes— queda relegado. En su lugar, el sistema genera unidades económicas, similares a los trabajadores de una colonia de hormigas.

Si los niños de distintas formas y tamaños no entran en contacto entre sí, ¿cómo podrán aprender a respetarse, a valorar la diversidad que enriquece el tapiz de la vida?

En ese contexto, los menores holandeses afirman sentirse felices y vinculados con sus compañeros. Mientras permanezcan dentro de la seguridad de su pilar, disfrutan de una alta calidad de vida; perciben al pilar como estable, lo que les permite –con recursos suficientes– perseguir la definición personal de felicidad. No obstante, cada pilar, con sus propios programas, inhibiciones y restricciones, puede resultar asfixiante, lo que, en opinión del autor, podría explicar el creciente índice de suicidios.

Calidad de vida en los Países Bajos

La encuesta sobre “calidad de vida” indagó en la calidad del aire, la educación, la atención sanitaria, el transporte público, entre otros aspectos. En términos generales, se presume que la suma de estos factores no resulta ni considerablemente mejor ni peor en Países Bajos respecto a otras naciones occidentales. Por eso, se ha llevado a cabo una pequeña investigación propia, consultando tanto a expatriados como a residentes holandeses sobre los aspectos positivos y negativos del país. La mayoría de los expatriados, naturalmente, se encuentran aquí por motivos laborales o sentimentales y agradecen la oportunidad que tienen.

Sin embargo, su nivel de vida se ve afectado por la falta de integración social. En el mejor de los casos, un solicitante de asilo napolitano y otro colombiano comentaron “es tranquilo aquí”. Un estadounidense afirmó que “lo mejor de Holanda es su amplia comunidad internacional”. Los neerlandeses suelen describir el calvinismo y el pensamiento dentro de la caja (o pilar) como los aspectos más negativos del país. Entre los puntos favorables se encuentran los sistemas legal, educativo y de salud, así como el nivel de vida general. “Existen muchos lugares en el mundo que son mucho peor”.

La propia percepción de la calidad de vida en Holanda se sitúa en un nivel históricamente bajo. Claro está que se cuenta con un techo, se dispone de alimentos y bebidas diariamente, se poseen prendas de vestir, calzado y diversos objetos que hacen la vida materialmente cómoda. La probabilidad de que el menor sea secuestrado y la probabilidad de perecer por un desastre natural o una hambruna son prácticamente nulas.

Estos son criterios que generan satisfacción. La definición de felicidad no está vinculada al bienestar material, sino a la calidad de las personas que rodean. En un autobús en México se recibió más calidez en cuatro minutos de parte de un campesino pobre que en cuatro años del vecino de al lado. La risa, la música y la poesía de un niño de la calle brasileño superan a la de todos los estudiantes holandeses en protesta. Se extraña la dinámica de una taberna británica: un abogado de traje a rayas y un pintor‑decorador al estilo Alfredo Doolittle, aún con overoles, discutiendo el mundo mientras comparten una cerveza temprana. Lo que genera frustración en Holanda es que las personas encargadas de legislar para aumentar la felicidad parecieran desconocer lo necesario para construir una vida en un país extranjero, la pobreza, la discapacidad e incluso su propia sociedad. Si todo marcha bien dentro de su propio grupo social, ¿por qué los demás grupos o individuos en dificultades tendrían la culpa?

Resulta particularmente irritante la casi total ausencia de compasión hacia los menos favorecidos y la profunda falta de sentido de privilegio – haber nacido blanco en un país del norte de Europa con recursos, sin preocuparse por el sustento diario o la vivienda, y con amplias oportunidades en la vida – que se percibe en la sociedad neerlandesa.

¿Y qué considero positivo? Se valora enormemente la formación recibida aquí, la cual ha sido de gran ayuda en diversas situaciones difíciles. Resulta admirable la extensa zona costera que se extiende desde Breskens hasta la frontera en Sluis, así como los lagos de Utrecht y Friesland. El museo Kröller‑Müller figura entre los mejores del mundo. Por último, la población neerlandesa muestra una gran generosidad.

Preguntas frecuentes

¿Qué factores se identificaron como los que más influyen en la felicidad sostenida en Países Bajos?

Según el artículo, la felicidad sostenida proviene de una percepción elevada de estabilidad y democracia; el clima y la riqueza fueron descartados como factores únicos.

¿Cómo se compara la felicidad de los niños neerlandeses con la de los niños británicos según UNICEF?

UNICEF ubicó a los niños de Países Bajos como los más felices en su percepción entre 24 países de la OCDE, mientras que los británicos resultaron los menos felices. No obstante, los niños neerlandeses no disponen de más libros, computadoras ni viajes vacacionales que sus pares británicos.

¿Qué tendencias se han observado en la tasa de suicidio juvenil en Países Bajos durante las últimas dos décadas?

Los Países Bajos, al igual que los países escandinavos, han registrado un aumento notable en la tasa de suicidio juvenil en los últimos veinte años. En contraste, Inglaterra y Gales, pero no Escocia, han visto una disminución significativa de esa incidencia.

¿Qué es la “verzuiling” y cómo ha evolucionado en la sociedad neerlandesa?

La “verzuiling” era una organización social basada en pilares religiosos que agrupaba a personas según su iglesia. Con el tiempo, esos pilares se transformaron en divisiones según el nivel educativo y profesional.

¿Qué papel juega la educación de los padres en el desempeño escolar de los niños neerlandeses?

El artículo indica que el factor principal que favorece el éxito escolar es el alto nivel educativo de los padres, mientras que un bajo nivel educativo familiar se asocia al mayor riesgo de fracaso escolar.

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